miércoles, 3 de septiembre de 2014

Detalles.

¿Nunca os ha pasado que quisierais parar el tiempo en un momento exacto para poder memorizar cada sensación, cada olor, cada sonido, todo?
A mí sí, no hay día que no lo desee.
Recientemente, me ha pasado mucho ya que he estado en mi lugar favorito de todo este mundo. Allí soy feliz con personas que realmente me hacen feliz. Me olvido de todo y de todos, es una realidad paralela. Es mi pedacito de paraíso.
Este sitio no es nada exótico, nada fuera de lo normal, lo que le hace tan sumamente especial son las personas que tengo allí con las que vivo los mejores momentos de todo el año.
Una tarde, estaba tumbada en la playa e intenté memorizar prácticamente cada grano de arena que cubría mis pies. Cerré los ojos. Me quedé en silencio escuchando las carcajadas de mis amigas que discutían sobre algún aspecto estúpido de la vida. Suelen decir que las chicas solo hablamos de moda, chicos y belleza. Error. Os sorprenderiais de todo lo que debatimos.Cada una tenía una risa, única e irrepetible. Poco a poco, aún con mi cabeza entre mis brazos y los ojos cerrados, me contagiaron esa risa. Una leve brisa hacia que no hiciera ni calor ni frío, sino todo lo contrario. Entre las risas, conseguía escuchar el romper de las olas, la marea estaba baja. Me encantaba cuando el mar estaba así, dejaba una colina de orilla para poder andar por la arena mojada sin tener que chocarte con alguna sombrilla o cualquier otro elemento playero. El sol ya se estaba poniendo y se notaba como empezaba a refrescar. De repente, una de mis amigas, con una sonrisa de oreja a oreja y su pelo rizado, se tumbó encima mía y me abrazó diciendome: "pero que bonita eres". Esa amiga, como a las demás, solo la veo 15 días al año y quería aprovechar cada segundo con ellas.
Al igual que este momento, hubo otros tantos. Mi última noche fue una de las mejores de todo el verano. Una noche un tanto improvisada y nada alocada, pero muy muy dulce y divertida. No paramos de reír hasta que nos tuvimos que despedir y dejamos paso a algunas lagrimillas -por mi parte- y abrazos estranguladores. Esa noche la pista de pádel estaba más bonita que nunca o al menos, era el sitio más cómodo para tumbarse a la 1 de la noche. Mirando las estrellas, haciendonos fotos y recordando anécdotas, pasamos la última noche de verano del año 2014.
Podría hablar de mil y una anécdotas y podría hablar de todas y cada una de esas personitas tan especiales que me hacen tanta falta cada día del año. Rocío con su sonrisa deslumbrante, Pilar con su personalidad cordobesa y su risa tan peculiar, Blan con sus ideas alocadas y sus consejos tan sabios que nos salvaban de más de una, María con su ternura y su pelo rizadísimo, Carola con su personalidad única y yo, más complejos que autoestima. Ellas, ellas son de las de verdad.
Gracias por este verano.

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