lunes, 8 de septiembre de 2014

Cenizas.

La putada es volver al mismo punto de desesperación.
Cuando piensas que al fin él ha pasado a ser un capítulo de tu vida, cuando piensas que por fin has pasado página y en verdad has dejado el marca-páginas en ese amargo capítulo para volver a releer vuestra historia. Historia inacabada, historia que ni tú ni yo sabemos cómo acabará. 
Quieres arrancar esas páginas, romperlas en mil pedazos y quemarlas hasta que solo queden cenizas de toda esa mierda vivida. Que donde hubo fuego, cenizas quedan. Fuego. Fuego es lo que tengo en mi pecho al pensar en tí, un fuego provocado por la rabia que me da al pensarte y por las ganas que te tengo. Estúpido bloque de hielo, dejame descongelarte. 
Ya no sé si vas o vienes, si me echas de menos o de más. No sé ni siquiera si paso por tu cabeza en algún momento del día. No sé. 
Dicen que un clavo quita otro clavo, lo que no saben es que si ese clavo no quiere salir, de nada sirve utilizar otro. No te quiero olvidar, pero tampoco quiero seguir con este dolor. 
Es buscarte en los ojos de otro, es buscar tus labios en la boca de otro e intentar imaginarme a qué sabrán. Es buscarte en ese antro para verte bailar y al menos, imaginar que te lo estás pasando bien, sin mí. 
Ya no sé qué hacer, ya no sé si seguir o llorar, no sé qué hacer. Estoy perdida, muy perdida. No quiero que me encuentres, quiero que te pierdas conmigo. Date cuenta de que estoy aquí, cojones. 
No te puedo olvidar, no quiero olvidarte. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario