jueves, 1 de mayo de 2014

I miss you.

Y otra vez lo mismo, la misma reflexión. Las cosas cambian, las circustancias cambian.
Hola al ángel de mi pesadillas. Siempre me has podido encontrar. Desearía que esto nunca hubiera acabado, te echo de menos.
¿Dónde estás? Lo siento, no puedo dormir, no puedo beber esta noche. Necesito a alguien en esta oscuridad extrema.
No pierdas tu tiempo conmigo, ya eres la voz de mi cabeza.
Te echo de menos.
Ahora mismo tengo una nudo en el estómago mientras escucho una de mis canciones favoritas. Lo jodido es que el causante del nudo eres tú y que la canción es nuestra historia.
Echo de menos a tanta gente.
Echo de menos tantas rutinas.
Echo de menos tantas charlas.
Echo de menos tantos gestos.
Echo de menos tantas sonrisas.
Echo de menos tantas situaciones.
Echo de menos tanto que duele.
Duele ver que tú echas de menos y que a tí no te añoran, ni siquiera sabes si aún se acuerdan de tí. Si aun se acuerdan de tantas rutinas, de tantos gestos, de tantas situaciones, de tantas sonrisas, de tanto todo.
Esto es lo que pasa por depender demasiado de las personas. Tenemos la tendencia de necesitar a las personas hasta que llega el olvido o alguien mejor. No hay más.
Hoy en día sigo sin saber cómo afrontar esta situación. Supongo que echar de menos, echamos de menos todos, pero me gustaría decir una cosa: no es lo mismo echar de menos por la distancia que echar de menos por que todo lo vivido se ha borrado de tal manera que parece que todo eso solo eran dulces sueños. ¿Y qué nos queda? Nos quedan los recuerdos, recuerdos amargamente felices. Recuerdos de los cuales nos alimentamos hasta que creemos que el hambre se ha ido. Hasta que creemos que el dolor se ha ido, cuando lo único que hemos hecho ha sido tapar ese dolor, calmar mínimamente ese hambre. Yo vivo de recuerdos pero no sé si eso me duele más que el hecho de que ya no esté a mi lado esa persona que me los dio.
Te echo de menos. Echo de menos que muestres o finjas que te importo, aunque todo haya sido una mentira, echo de menos esa mentira.
Quieres pasar página y no puedes. No puedes porque aun tienes la esperanza de que vuelva, aun te haría feliz que te hablara y te dijera que te echa de menos. No hay rencor porque la culpa quizás sea tuya por no haber sabido como conservale. No hay rencor porque lo que más deseas cada mañana es ver que se ha acordado de tí por una gilipollez. No hay rencor porque le quieres por lo que es. No hay rencor porque quizás no había nada que os uniera y todo fue un amargo sueño del que no hubieras querido despertarte. Dicen que soñar es gratis, sí que lo es y es una de las pocas cosas de las que somos realmente dueños, pero precisamente por eso, los sueños duelen. 

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