Es la tercera vez que te escribo y la quinta que te pienso.
Es la tercera vez que quiero que leas esto y la primera en la que siento que esto va dirigido a alguien que no merece la pena.
Es la tercera vez que te escribo aunque ya es el décimo borrador.
A la tercera va la vencida, o eso dicen.
Simplemente quería contarte cómo me van las cosas.
Sin tí estoy bastante mejor de lo que me esperaba, supongo que será porque ya ha pasado lo peor. Ya no necesito meterme en tu perfil y ver que todo te va bien porque prefiero no ver a esa novia que te has echado - muy guapa, por cierto -.
Realmente me he propuesto no esperar nada de nadie porque desde que esperé que tú volvieras, tú te has ido con otra y has seguido tu vida. Y yo, mientras tanto, me he quedado con medio corazón en el suelo y la otra mitad perdida por el camino.
Me he propuesto no pensarte tanto. Ya no eres mi primer pensamiento al levantarme ni mi último al despertarme.
Otra cosa a la que le he dado vueltas es al hecho de que tengo casi 20 años y que por ello, no puedo desperdiciar un año más esperándote. No. Ya lo he hecho durante 2 y no me ha salido precisamente bien. Eso años no me han servido de nada. Solo me han servido para llegar a la situación en la que estoy hoy en día. Poco a poco hiciste que mi corazón se hiciera a prueba de balas, a prueba de todas las balas excepto de la tuya. Poco a poco, me hago resistente a esos ataques tuyos de sinceridad o a tus ataques de indiferencia. Poco a poco vuelvo a ser yo.
La de vueltas que da la vida y la de vueltas que dabas a mi cabeza.
Y ahora ya no siento nada, no siento nada salvo pena por tí.
Espero que todo te vaya bien. Espero que nadie te cause tanto daño cómo tú me lo hiciste a mí.
Ahora, por favor, deja que cicatrice el desastre que has dejado.
Que te vaya bonito.

No hay comentarios:
Publicar un comentario