miércoles, 17 de diciembre de 2014

Balas, armaduras y cañones.

Y entonces reaccionas. 
Reaccionas como si un cubo de agua helada te hubiera despertado de una pesadilla. Salvo que en este caso, la helada eres tú. 
Decides volver a enfundarte tu armadura de corazón de hierro con la esperanza de que alguien, algún día, la funda. 
Reaccionas al ver que se ha ido, que su corazón ya no es tuyo y que nunca lo ha sido.
Estúpida, estúpida de cojones. 
Hubo un día en el que la esperanza te mantenía con vida y hoy, la quieres mantener activa para salvarte a tí misma de la oscuridad a la que te lleva el pensar que lo has perdido. 
"Lo has perdido" como si de algo tuyo se tratara, olvidándote de que las personas no se poseen y que si así fuera, él nunca había sido de tu propiedad. Siempre había sido de cualquier chica con piernas largas, desparpajo y un pelo inmensamente bonito que tapara sus caderas sobre las que él naufragaría todos los días. Y tú, tú tonta de tí, piensas que en las únicas caderas que pensaba, los únicos labios que se quería tatuar en su piel, eran los tuyos. 
Imbécil, inocente, al fin y al cabo, niña. 
Ella es guapa, guapa de cojones. Guapa de las que piensas que mirarla a los ojos sería un vicio. Guapa. Merecedora de su encanto y de su corazón. 
Te preguntas por qué no eres tú esa chica de labios carmín y ojos risueños. Por qué no eres esa que ocupa su mente y que le da ese punto de cordura a su loca existencia aunque de vez en cuando, se la arrebates. 
No encuentras respuesta, sino que simplemente llegas a la conclusión de que tú eres tú y ella es ella. De que las dos sois diferentes, pero iguales. De que las dos, ahora una con un corazón de piedra intenta afrontar toda esta situación y otra, otra con un corazón alimentado de ilusión. Como el tuyo al principio. 
Quizás por eso, ella se ha quedado con su corazón y tú te has quedado sola intentando unir las pedazos que quedan del tuyo. 
"Marinero anuncia naufragio" decían. 
Sin darse cuenta de que el naufragio ya existía. De que ya no había un corazón latente, de que solo habían lágrimas que causaban tormentas. El barco se hundió hace mucho.
Ya no hay barco, ni marinero. 
Cada recuerdo es una bala de cañón. A prueba de balas es en lo que te vas a convertir. Hecha de cicatrices curadas con lágrimas. De heridas aún abiertas. De pedazos de corazón. 

Al fin y al cabo, tú. 


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