jueves, 9 de octubre de 2014

Ahora más que nunca, improvisemos.

Y es que un día te levantas pensando que el día que te espera será igual que el de ayer, que el de antes de ayer y que el de mañana.
De repente llega algo, algo improvisado, algo que no sabes cómo ni cuándo podía pasar, pero pasa. 
Se te rompen todos los planes, todos los esquemas y recoges los pedazos de una conciencia más perdida que una brújula sin polos. Sí. 
Y te preguntas, "¿qué coño hago ahora? ¿qué se supone que tengo que hacer?".
No encuentras respuesta, solo descubres que hay algo en tu interior que vuelve a renacer y que ya no te deja sacarte todo eso de la cabeza.
Mal. Volvemos a lo mismo pero peor. 
Todo tan surrealista y verdadero a la vez. Todo tan improvisado pero planeado, tenía que pasar. O eso creo. 
Joder, llevaba esperandolo más de 1 año  Ya no guardaba ni una esperanza de que pasara, siempre lo idealicé demasiado, quizás. 

Coges aire y te dispones a montarte en el metro, un tren que se convierte en una cárcel que no te deja respirar, que no te deja gritar lo eufórica que estás. Te pones los cascos para aislarte de tus pensamientos. Intento fallido. No te enteras ni de que tu canción favorita está sonando. 
Estrés, agobio, felicidad, una sonrisa de gilipollas y mariposas, muchas mariposas en el estómago. Te miras y remiras en las ventanas del tren para comprobar algo: tu cara está peor de lo que pensabas. Mierda. 

A medida que la mañana avanza te vas relajando y sintiendo más cómoda en esa situación tan sumamente irreal. Intentas disfrutar de cada minuto porque piensas: "quizás sólo tenga esta oportunidad" Yo siempre digo que me quedo con los pequeños detalles, una sonrisa, una mirada, un gesto, algo simple; y así lo hice. 
No sabía cómo había llegado allí, no sabía qué hacía allí, solo sabía que estaba con él. Así de repente como quien no quiere la cosa. 

Pasando de 0 a mil en unos minutos. Pasando de nada a todo y de todo a nada. 
Al fin sentí lo que era estar con él, al fin pude comprobar eso de "¿y si...?" Nada fue como me imaginaba. Nada. Porque no planeamos nada, al menos yo. 
Quiero decir tantas cosas, tengo tal cúmulo de sentimientos, pero tan pocas palabras que el círculo vicioso comienza y no acaba. 
No te imaginas mi sonrisa de gilipollas mientras escribo esto porque aun intento asimilarlo. 
Fue raro, mucho, ambos lo pensamos de hecho. Pero no sé, eramos él y yo. 

Y ahora queda lo peor, este nudo en el estómago. Sólo hundes tu rostro en tus manos esperando que el tiempo pase para comprobar como acaba esto o si simplemente ya ha acabado. 
-¿Qué coño haces pensandolo todavía?
+ No lo sé, solo espero a algo que no existe. 

Y claro ahora te encuentras en esta situación que no sabes si reír o llorar o llorar de la risa o reír mientras lloras. Dios. 
Lo único que sabes es que ha pasado y que te sientes infinitamente feliz. Lo recuerdas todo sonriente, recuerdas su sonrisa, sus ojos y su manera de tomarte el pelo. Sus abrazos. Sus abrazos. Sus abrazos. Una vez más: sus abrazos. Sus latidos acelerados por el RedBull o por tu presencia (quieres pensar que lo segundo). Te quedas con el recuerdo. 
Y piensas que quizás esto te sirva para pasar página de una vez por todas. O quizás no quieras pasar página. 

Nos ha llevado nuestro tiempo llegar a esto, quizás debería dejar que el tiempo vuelva a hacer su trabajo y que sea lo que tenga que ser, improvisado, impredecible. 















No sé si estás leyendo esto pero si lo haces, espero que te quedes con la idea de que me hiciste sentir muy especial aunque no saliera "del todo bien". Te tengo tanto cariño, que a veces duele. Llámame loca o tonta, pero esto es así. Ahora te toca decidir qué hacer. 

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